Palermo Viejo: Con espíritu joven

Centro de la nueva movida comercial, cultural y gastronómica, en el barrio conviven la antigua fisonomía de casas bajas con modernos proyectos.

M-Uriarte es uno de los últimos locales estrenados en Palermo Viejo. Armado en lo que fue un antiguo taller mecánico, parece resumir el espíritu del barrio, que insiste en asociar historia y novedad. Las paredes altas y rústicas contrastan con los paneles de vidrios de color diseñados para un cabaret nada menos que por Phillipe Stark. Contra un panel metálico, característico de las casas chorizo, se destaca una forma de material novedoso, una escultura del artista chileno Christian Salineros, y se recorta una araña de cristal de Baccarat. Bancos de jardín de 1914, construidos con madera de teka conseguida en las cubiertas de barcos encallados en Northumberland, integran el ámbito de trabajo del arquitecto Manuel Buitrago, en Uriarte, a pasos de Soler.

Y él es uno de los que se entusiasma al comentar los cambios del barrio desde la instalación, hace más de una década de los primeros barcitos y locales de diseño con centro en la llamada placita Serrano (en realidad, plazoleta Julio Cortázar). Porque dentro de este retazo porteño, que muchos insisten en llamar Palermo SoHo, la pretendida vanguardia ahora se ha movido algunas cuadras, hasta las cercanías de la hoy codiciada plaza Armenia, oficialmente plaza Conquista del Desierto. “Antes, por una razón o por otra, donde hoy todos quieren estar, nadie se atrevía siquiera a pasar”, comentó el arquitecto Vahan Berberian, fundador en 1950 de Shenk, la inmobiliaria tradicional de este sector de Buenos Aires.

Vahan, que además vive en el barrio desde 1927, recuerda que ahí había un gasómetro al que todos temían y al que él atribuye, en buena medida, la postergación que, durante largo tiempo, padeció esta zona. “Es inexplicable que un lugar entonces bien comunicado, con buenos servicios, de veredas anchas y calles empedradas, se haya mantenido durante largo tiempo al margen del crecimiento que tenían el resto de los espacios palermitanos. Lo negativo era el gasómetro y los desbordes del arroyo Maldonado, que llegué a conocer. Hace 50 años, cuando vendía un terreno o un inmueble cercano a Juan B. Justo, tenía que ofrecerlo en un combo que incluyera bote, un par de remos y paraguas. Ahora, donde antes hubo miedo al gasómetro y luego 20 años de abandono, un local cuesta tanto como un casa de seis pisos”, dice este arquitecto todavía al frente de la sucursal Barrio Norte de Shenk.

El comercio, sin duda, tiene en el actual Palermo Viejo un rol estelar, que ha otorgado características singulares a todo el movimiento inmobiliario de la zona. “después de la recuperación comercial del barrio, a partir de esa suerte de mítica intersección entre la placita Cortázar y la calle Borges, también comenzaron a construirse, sobre todo en los bordes, cantidad de edificios para viviendas. Los primeros sobre Juan B Justo y desde ahí hacia Dorrego, y también hacia Scalabrini Ortiz. Lo interesante es que muchos de estos nuevos edificios hipermodernos hoy conviven en armonía con pequeños grupos de viviendas de dos o tres plantas, con casas españolas o chorizo, con antiguas casonas. Las viviendas se mezclan con cafés, restaurantes y bodegones de barrio, sin restar espacio ni los locales con diseños de avanzada ni a los supermercaditos chinos. Y todos, la gente que vive en la zona, los que llegamos al barrio para trabajar, los que vienen a pasear, participamos del barrio. Desayunamos en los barcitos junto a estudiantes que comparten apuntes y se instalan por horas a leerlos en alguna mesa soleada; con amas de casa que toman un cafecito y hojean el diario antes de hacer las compras diarias; tampoco faltan los vecinos en bicicleta ni los que pasan corriendo. A la tarde hay más visitantes, un público particular, distinto del de los shoppings: gente que llega, deja el auto a unas cuadras, y recorre, se sienta a tomar algo, abre un libro. Están, además, los turistas; es la zona donde en más locales se habla inglés. Pero así y todo el lugar no pierde aires y encanto de barrio”, dijo el arquitecto Manuel Buitrago.

De los mil y un Palermo

Tanto este joven profesional como Berberian, cuando hablan de Palermo Viejo se refieren a lo que originariamente se llamaba Villa Alvear, jurisdicción de la comisaría 25», espacio delimitado por Guatemala, Niceto Vega, Canning y Godoy Cruz. Hoy, Palermo Viejo es otra cosa y muchos lo reconocen con nombres que remiten menos al barrio y más a la globalización.

Silvina Alvarez Leiza, arquitecta sociogerente de Tizado Propiedades, lo enmarca incluyendo “Palermo SoHo, entre las avenidas Santa Fe, Córdoba, Scalabrini Ortiz y Juan B. Justo, y Palermo Hollywood, entre las mismas dos primeras avenidas, pero acotadas por Juan B. Justo y Dorrego. Estos espacios tienen, a su vez, distintas densidades. En SoHo recién a partir de Guatemala hacia Santa Fe es posible el desarrollo de viviendas en torre o en altura, mientras que hacia Córdoba se mantienen las antiguas casas y hay una alta ocupación comercial. La mayoría de los emprendimientos responde a la modalidad PH o condominio, algunos con amenities, pero tratando de reservar espacios destinados a locales comerciales. A su vez, lo mismo que sobre las avenidas, en Palermo Hollywood se da un crecimiento sostenido de torres o edificios en altura. En la zona se radicaron canales de televisión, estudios de producción, radios que dieron origen a locales gastronómicos con amplia oferta de cocina gourmet e internacional, que hoy convocan a gente de todos los barrios”.

Como en casa

En muchos de esos locales gastronómicos podría decirse que uno come como en casa y no por la calidad del menú, sino por el ambiente. Muchos funcionan en las tradicionales viviendas del barrio que se reformulan para el nuevo uso. Aunque este fenómeno no se limita a los comercios destinados a albergar paladares exigentes, también a los de muebles, objetos curiosos, indumentaria, accesorios, libros.

El doctor Horacio Berberian, hijo de Vahan y socio gerente de Shenk, cuenta que a fines de la década del 70 ellos fomentaban el reciclaje de las casas viejas de la zona: “Como el FOT es bajo, la remodelación siempre resultó una propuesta interesante. Incluso, hace años, con mi padre y mi hermano Gregorio reciclamos algunas casas tipo chorizo para que resultaran viviendas funcionales. Las usábamos para mostrar a posibles clientes de las que todavía no habían sido puestas en valor. Ahora, esas casas se venden y vuelven a ser modificadas como locales comerciales para firmas de primer nivel, como Nike o Fila. Las más modernas, por el contrario, se tiran abajo y se vende el terreno. Ocurre que el comerciante que se instala en Palermo Viejo no pretende vender un producto, sino un concepto”.

El valor de lo viejo

Claro que tal aspiración exige invertir en la restauración un 50% sobre el precio de la propiedad. ¿Cuánto cuesta una de estas casas para ser remodelada sin perturbar la fisonomía original del barrio? Berberian hijo informa que cada vez es más difícil encontrar casas sobre lote propio y no hay más de 70, 80 por manzana. “Los que tenían una casa y quisieron hacer negocio ya la vendieron o alquilaron, y los que las convirtieron en locales comerciales las mantienen como tales, por lo que no hay margen de reposición y las propiedades de este tipo alcanzan precios inusuales.”

Por su parte, Berberian padre explica: “Aunque implica un trabajo arduo en lo que hace a la unificación, el tema de los papeles y el acuerdo de los copropietarios, algunos PH antiguos de la zona están comercializándose como inmuebles comerciales”.

Así y todo son muchos los que siguen eligiendo Palermo Viejo para vivir. “Hay mayoría de jóvenes -profesionales, parejas, extranjeros radicados en la Argentina- que buscan unidades en la zona y se suman a los residentes tradicionales. Los atrae la movida bohemia y cultural del barrio, la tranquilidad de sus pasajes adoquinados, ciertos paisajes urbanos europeos, la variedad y calidad de puntos de encuentro, y por supuesto, su ubicación estratégica con el resto de la Ciudad”, dijo Silvina Alvarez Leiza.

En los proyectos nuevos, “el precio promedio de arranque es de 2200 dólares, dependiendo de la calidad, tipología, superficie y el estado de avance de obra. Pero hay emprendimientos que terminan cotizándose, promedio, entre 2500 y 2800 dólares. Las unidades usadas se tasan entre 1500 y 1900 dólares. En cuanto a las casas, dependiendo de su ubicación, estado, frente, las tasaciones varían mucho. La semana última vendimos una en el corazón del SoHo en muy buen estado, en 3000 dólares el m2”, finaliza la entrevistada.

El doctor Berberian completa el panorama y comenta que un terreno en la zona comercial, de 8,66 x 30 m de fondo se está vendiendo entre 600.000 y 800.000 dólares. Una casa reciclada se alquila entre 35.000 y 40.000 dólares mensuales, y una para remodelar entre 20.000 y 25.000 dólares.

POLICROMIA PALERMITANA

El arquitecto Vahan Berberian habla de Palermo Viejo y es imposible no dejarse llevar por sus recuerdos, por la calidez y gracia con que rescata el barrio en que transcurre su larga vida familiar y laboral. Atesora en su memoria, de ese lugar y a principios del siglo pasado, la convivencia pacífica de armenios, griegos y turcos. Cuenta de alguna de las casas de sus compañeros de escuela, que tenían la puerta a nivel de la vereda y el patio tres niveles por debajo, lo que habla de la hoya sobre la que se edificaban las viviendas. También sobre un lechero que, tironeando de su vaca, partía cada mañana desde Gorriti y Acevedo a recorrer la zona. Y de los tranvías verdes, los de la línea Lacroze, que lo llevaban de Palermo al río, fuera con su familia a los balnearios de la Costanera Sur o con otros chicos a una colonia de vacaciones en Olivos, donde solía recibirlos el presidente Justo.

Define al Palermo actual, como ése que ha perdido los espacios de encuentro con sus amigos para un copetín , pero por el que pasea y disfruta al toparse con algún vecino de toda la vida o con los hijos y nietos de sus compañeros de correrías. Del Palermo que ya no convoca a inmigrantes con miedo a cambiar la leña por el gas (paisanos de los padres de Vahan se negaron a conectar el gas), pero es feliz en ese punto de encuentro para muchos jóvenes y para otros no tanto, pero sí muy creativos..

Paula Gómez, 29 de octubre de 2011.
Publicado por La Nación.