Las modificaciones al Código de Planeamiento Urbano iban a ser enviadas a la Legislatura en seis meses, pero sorpresivamente el Jefe de Gobierno dio de baja el anteproyecto, y decidió firmar un decreto limitando la construcción de nuevos emprendimientos, impidiendo presentar planos por 180 días.

La idea de la ciudad es impulsar una re-forma de los códigos urbanísticos-y de edificación con el fin de construir una ciudad policéntrica que aliente a los vecinos a trabajar, recrearse, tener educación y comercios en sus proximidades, evitando así los desplazamientos. A esto se suman otros fines, como la incorporación de nuevas tecnologías y la reducción de costos de edificación. Para ello se permite la construcción de oficinas entre viviendas, se prohíbe la construcción de torres de más de 13 plantas y se incentiva al sector privado a incluir terrazas verdes. Este decreto sorprende y preocupa en el sector, por la falta de seguridad jurídica y va a generar una catarata de juicios al Estado porteño, dado que hay muchos desarrolladores que compraron terrenos con la expectativa de construir determinada cantidad de pisos, y ahora este decreto los limita. Además, esta ingeniería urbanística encubre una contradicción. Se plantea que las diversas medidas facilitarán el acceso a la vivienda, promoviendo el aumento de la densidad poblacional. Sin embargo, la limitación a la altura implicará una menor oferta de unidades, revalorizándolas por la mayor demanda.

Si bien se intenta solucionar algunos problemas que tiene este código con más de 40 años, no se puede dejar de analizar sus puntos flojos que son de gran preocupación. El gobierno tiene mayoría en la legislatura de lo que se sabe que la ley será aprobada sin ningún problema. Por eso el sector debe estar preparados para defender nuestros derechos en un mercado que se complejizará cada vez más.

Por Armando Pepe (Presidente del Colegio Único de Corredores Inmobiliarios de la Ciudad) para La Nación, Sábado 7 de abril de 2018
Publicado en el suplemento Propiedades & Countries del diario LA NACION
 
En 2017 se necesitaban 120 sueldos para comprar una unidad de 50 metros cuadrados; un año y medio antes eran 143

El negocio inmobiliario estuvo apuntalado en los últimos meses por el boom del crédito hipotecario. Pero el sector tuvo una pequeña ayuda adicional por parte del mercado laboral. Pese al incremento de los precios de las viviendas, hacia el cierre de 2017 los salarios superaron levemente el encarecimiento de los departamentos, de acuerdo con un estudio de la UADE. En otros términos: se necesitaron menos sueldos para comprar el mismo inmueble que en 2016. Según un informe de la casa de estudios, un salario promedio de $26.569,8 (US$1.522,4) pudo comprar en octubre de 2017 un 0,418% de un metro cuadrado de un departamento nuevo en los barrios de la zona Norte de la Capital Federal como Nuñez, Palermo, Belgrano y Recoleta. Si se multiplica el valor del metro cuadrado en ese entonces (US$3643,3) por 50 y se lo divide por el sueldo en dólares, la cuenta arroja que se necesitaron 120 sueldos para comprar un departamento de esa superficie -es decir, un dos o tres ambientes-.

Un año atrás, en octubre de 2016, el sueldo pro-medio permitía comprar 0,413 por ciento de un metro cuadrado y se necesitaban 121 salarios. Y, en enero de 2016, aún más: 143 sueldos. La misma tendencia se repite en otros casos. Un cuatro ambientes de 100 metros cuadrados en igual zona demandó en octubre de 2017 240 sueldos, en octubre de 2016, 242, y en enero de 2016, 286. • En diálogo con LA NACION, el coordinador del Instituto de Economía de la Fundación UADE, Jorge del Aguila. explicó que, en el período comprendido entre octubre de 2016 y octubre de 2017, las tres variables involucradas -salarios, dólar y costo de construcción- subieron de una manera similar. “A principios de 2016, había aumentado mucho el costo de construcción, pero luego se estabilizó. Las tres variables subieron más o menos en la misma proporción: el salario promedio, un 14 por ciento; el tipo de cambio nominal, 15 por ciento y el costo del metro cuadrado,12 por ciento para los departamentos usados y 13 por ciento para los nuevos”, resumió.

Con estos números, se regresó a los niveles de capacidad de compra de 2010, después de la pérdida de poder adquisitivo de enero de 2016-post salida del cepo cambiario y la devaluación- en que un sueldo promedio compraba un 0,35 por ciento de un metro cuadrado.

Ahorrar en ladrillos

El especialista en real estate y director de Orlando J. Ferreres y Asociados, Marcelo Plana, detalló que hay dos componentes que determinan el precio de los departamentos: el costo de construcción -que va y viene, de acuerdo con la inflación y el dólar-y el valor del terreno, que au-menta porque es un bien escaso. Del lado de los sueldos, en tanto, dijo que aumentan si se incrementa la productividad de la economía, algo que, según él, no está sucediendo en la Argentina y es lo que provoca el desfasaje frente al precio de las propiedades en una serie temporal más larga. Según la serie que ellos manejan del costo de un departamento promedio en la Capital Federal, y que se remonta a 1977, el valor de la propiedad ha aumentado un 5 por ciento por año.

Por María Julia Rumi, Sábado 7 de abril de 2018
Publicado en el suplemento Propiedades & Countries del diario LA NACION

 

Dos plazas, calles arboladas, la conectividad, la oferta comercial y el encanto del boulevard Charcas atraen al segmento que no puede acceder a las locaciones premium.

En el vértice del barrio, entre la vorágine cool de Palermo Soho y el señoral Palermo Botánico, renace empujado por los desarrollos inmobiliarios Palermo Sensible o Villa Freud, un área que debe su nombre a la cantidad de psicólogos que desde mediados de los sesenta establecieron allí sus consultorios, así como las librerías especializadas que se abrieron y hasta bares cuyos nombres aludían a la disciplina.

A fines de los ochenta los profesionales comenzaron a esparcirse por toda la ciudad o ingresaron en los hospitales al tiempo que todo porteño a la moda peregrinaba hacia la zona Norte del barrio. Aunque la mística freudiana hoy sea apenas un recuerdo -en 2006 un legislador quiso sin éxito renombrar dos cuadras de la calle Mansilla Sigmund Freud- la zona recibe en la actualidad nuevos vecinos que llegan atraídos por las construcciones que se repiten en cada manzana con unidades que van desde los monoambientes hasta los cuatro ambientes. Oferta que arranca con precios desde los US$3000 el metro cuadrado, que aumentan al menos 10 por ciento por año dependiendo el tipo de emprendimiento.

Ubicado entre las avenidas Scalabrini Ortiz, Santa Fe, Coronel Díaz y la calle Honduras, el corredor se destaca por la convivencia armónica de casas bajas, edificios de larga data y nuevos desarrollos con amenities y hasta características sustentables. Dos plazas, calles arboladas, la cercanía a las líneas de subte D y B, una decena de líneas de colectivos que la atraviesan y el encanto del boulevard Charcas hacen de la zona una de las más buscadas por el segmento que apunta a la tranquilidad, comodidad y distinción, pero no puede acceder a las locaciones premium.”Los drivers del área son la conectividad, además de la oferta de medios de transporte: las arterias permiten una salida rápida de la Capital Federal. La zona es un cheque al portador para el inversor, es un área de productos muy líquidos y buscados por la demanda del interior”, afirmó Alejandro Schuff, director de Soldati Propiedades. La compañía comercializa Om Botánico, el edificio desarrollado por Northbaires ubicado en Araoz y Santa Fe -cruzando esta avenida- con unidades que van desde uno hasta cinco ambientes, que se entregará en octubre de 2020, en el que el valor del metro cuadrado promedia los US$3000 y los tickets parten desde los US$145.000 con la posibilidad de financiarlos. “Es una zona consolidada principalmente por la ubicación. Está muy construida, hay mucho edificio hecho y estás cerca del foco del shopping. En los últimos años el límite se fue corriendo a la avenida Córdoba”, agregó Hernán Siwacki al frente de la comercializadora Capital Brokers Propiedades. En la actualidad, Capital Brokers tiene dos proyectos para entrega inmediata y tres en ejecución para adquirir de pozo. Esta última modalidad se comercializa desde US$2700, el metro cuadrado bajo dos tipos de formas de pago al costo: ajustable de acuerdo al índice de construcción que elabora la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) o según costo real, más incierto y que requiere de la confianza de los compradores en el desarrollador y una buena administración del proyecto.

En el edificio ubicado en Honduras al 3800 se pueden conseguir unidades listas para habitar de tres y cuatro ambientes desde US$237.000. Los tamaños oscilan entre los 57 y 70 metros cuadrados o pisos de 135 metros cuadrados. También para entrega inmediata, en la esquina de Güemes 3800 -beneficiado por la iluminación natural que le brinda la orientación externa de la construcción-, el edificio de nueve pisos con gimnasio, jacuzzi, solárium, SUM con office y parrilla tiene disponibles unidades de uno y dos ambientes, de entre 35 y 50 metros cuadrados de superficie, desde US$125.000.

Avenida Coronel Díaz, un eje emblemático de la zona Crédito: Daniel Jayo

Para entregar en 2019, hay tres opciones en Mansilla al 3900, Güemes 3700 y Julián Álvarez 2300. En el primer caso se trata de un edificio de nueve pisos con unidades de uno y dos ambientes de entre 27 y 57 metros cuadrados. Se comercializan desde US$83.300. El segundo desarrollo ofrece monoambientes y departamentos de dos ambientes de entre 27 y 35 metros cuadrados a partir de US$77.000 dólares, se pueden abonar mediante un 50 por ciento al momento de firmar el boleto y el saldo en 24 cuotas ajustables por el índice CAC. En tanto, el edifico de Julián Álvarez es un proyecto lanzado bajo la figura de fideicomiso al costo. Consta de diez pisos con unidades de uno y dos ambientes de entre 37 y 59 metros. Las viviendas tienen un precio base de US$99.300. Siwacki destacó que, si bien no se trata de zona ABC1 enfocada en la avenida Libertador, “es el primer corredor que le sigue a la ubicación premium. El que desea una propiedad por Palermo o Barrio Norte te va a buscar cerca de esta zona. La avenida Santa Fe divide porque hacia el río es un poco más caro”.

Entre los puntos a destacar del área figura el boulevard Charcas, que se extiende entre la avenida Coronel Díaz y la calle Jerónimo Salguero, donde desemboca en la Plaza Güemes con la característica Basílica del Espíritu Santo en uno de sus laterales. En menos de 10 kilómetros cuadrados Palermo, Sensible alberga dos espacios verdes y cuatro templos, dos dedicados al culto católico, uno al armenio y otro al ortodoxo ruso.

En las cuatro cuadras que ocupa el boulevard, casi como un oasis que se abre desde la bulliciosa Santa Fe, crece un polo gastronómico donde se puede disfrutar de las anchas veredas, el frondoso arbolado y algunas esculturas. El toque ecológico llegó a principios de los noventa gracias a un grupo de intelectuales y artistas que comenzaron a plantar los primeros árboles en el lugar. La tranquilidad y el encanto de esta calle se traducen en la revalorización del valor del metro cuadrado.

De acuerdo a un relevamiento realizado por el sitio de búsqueda de inmuebles Properati sobre el boulevard hay actualmente 22 departamentos a la venta con un precio promedio US$3816 el metro cuadrado. En cambio, si se busca una propiedad en un radio de 500 metros, la cifra trepa a 388 unidades disponibles con un valor promedio de US$3439 por metro cuadrado.

Cynthia Edenburg, gerenta de ventas del sitio, sostuvo que no es casual esa diferencia de precio ya que los bulevares les dan un toque distintivo a las propiedades. “Por un lado, la cuestión estética es muy importante; es una calle linda para vivir, que además realza las vistas de los departamentos que dan a la calle. Por otro lado, es un espacio verde justo bajo de la casa. No es un parque, pero es muy valorado por los vecinos”, afirmó. “Además, este tipo de calles suelen ofrecer variedad de comercios, generalmente gastronómicos, muy a tono con lo que la gente busca al mudarse a una zona tranquila y verde”, agregó.

Por su parte, desde el ministerio de Ambiente y Espacio Público y la secretaría de Transporte porteña detallaron que en los últimos años se construyeron cuatro ciclovías en Palermo Sensible, se emplazó el mismo número de estaciones de Ecobici y se realizaron dos intervenciones peatonales -en la avenida Coronel Díaz y Honduras, y en el eje Gascón en Honduras, El Salvador, Costa Rica y Aráoz- con el objetivo de innovar en el diseño de los cruces de las calles al incorporar elementos del traffic calming -estrechamientos de calzada, rotondas, macetas, pequeños desvíos, isletas- y reducir así la velocidad de los vehículos e incrementar la seguridad para peatones y ciclistas.

Una zona sobreconstruida, de todas formas, hay oferta nueva Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

Inversión para vivir

“Hay una tendencia que se viene sumando: apuntar al nuevo consumidor que es el que va a vivir, el que realmente lo va a usar. Por eso se está buscando optimizar los proyectos para hacer departamentos más grandes”, indicó Siwacki de Capital Brokers.

La inmobiliaria Migliorisi comercializa el emprendimiento ubicado sobre la calle Julián Álvarez al 2200. El departamento posee unidades de uno, dos y tres ambientes y dúplex. “Esta tan armado y tan completo que está pensado para el que necesita tener espacio y vivir cómodo”, detalló Diego Migliorisi, al frente del negocio.

También comercializan edificios con unidades de uno y dos ambientes como el ubicado en la avenida Scalabrini Ortiz al 2000, a tres cuadras de Santa Fe, con entrega en 2020. Este emprendimiento se caracteriza por el revestido en ladrillo de su exterior y los balcones de cada vivienda, que establecen un juego rítmico a medida que se mira hacia arriba. Como bonus, desde el SUM se tiene una vista panorámica del Parque Thays.

En los últimos años, evaluó Migliorisi, se incrementaron los compradores que provienen del interior y los extranjeros que diversifican sus carteras de inversión con bienes raíces argentinos, especialmente en los barrios de Palermo y Recoleta. Otra tendencia que destacó fue el desembarco de los edificios con características sustentables como dispositivos para reciclar el agua de lluvia, huertas en las unidades y paneles solares. “Si bien no representa un ahorro total de energía, suma en la factura”, concluyó.

Por Ana Orfano, Sábado 7 de abril de 2018
Publicado en el suplemento Propiedades & Countries del diario LA NACION

 

A través de murales, esculturas y espacios decorados por artistas, las propuestas buscan crear climas y potenciar los sentidos de los comensales; cuáles son las tendencias; los casos.

En un mundo en el que los estímulos se multiplican, las tendencias inclinan a los usuarios a demandar experiencias con un plus diferente. Además de propuestas de sabores y aromas originales, hoy los locales gastronómicos encuentran en el arte y la arquitectura grandes aliados para potenciar los sentidos.

En Palermo, la pizzería Hell’s apunta a transportar al estilo de las calles neoyorquinas. Su novedoso concepto de pizza por “slice”, en sabrosas porciones acompañadas con cervezas artesanales y sidra tirada, se complementa con un entorno cuidado al detalle. La ambientación de su local de la calle Humboldt al 1654 recrea una atmósfera callejera: llamativos graffitis, luces de neón, pisos de cemento alisado, paredes de ladrillo a la vista y cielo raso de hormigón de donde cuelgan lámparas de estilo industrial son algunos de los protagonistas.

Las expresiones de street art hacen la diferencia en un espacio donde conviven la mascota del local -”Miss Hell´s Pizza Pepperoni XL”-, una escultura con forma de pizza de pepperoni con piernas -una genialidad creada por la artista Camila Valdez-, y paredes de coloridos dibujos y graffitis del reconocido artista plástico Augusto Turallas, más conocido por su seudónimo, Falopapas.

Leandro Gallo, del estudio AD+ Arquitectos – a cargo del diseño del local- detalla que trabajó con la identidad del Soho neoyorquino, pero también con un anclaje en Buenos Aires. “En general, en un lugar de pizzas se piensa la barra como lugar central y se la suele sobrecargar. Lo mismo sucede con la marquesina. Nosotros trabajamos de manera más neutra estos espacios y buscamos correr el foco. La idea fue abrir el panorama y generar otros climas. Para esto, los murales y el arte urbano son indispensables a la hora de descentrar y permitir un recorrido visual más amplio. Se trató de llevar la ciudad con su arte callejero adentro del local”, explica la estrategia. El resultado es una sucesión de microclimas muy interesante.

También en Palermo -en la esquina de Gorriti y Lavalleja- la imponente fachada de Desarmadero deja en claro que el arte es bienvenido. El emprendimiento creado por Carolina Ochoa junto a sus socios Diego Ibargaray y Eduardo Pérez conquista con un menú que incluye una selección de cervezas artesanales y sabores de tapas calientes, sándwiches y papas.

La obra-puerta, creada por el artista plástico y muralista Alfredo Segatori marca la identidad del espacio: el rostro de un viejo, “El Viejo del Desarmadero Trash”, ya se convirtió en un sello del local. Se trata de una escultura realizada con recortes de metales reciclados que capta una expresión perfecta e invita a ir por más. “Se puede hacer arte con cualquier cosa. Trabajar con materiales reciclados está bueno, porque además es divertido restringirse en los soportes”, confiesa el artista, quien trabaja con durmientes en desuso, plásticos y otros materiales que abren su imaginación.

En Recoleta Buller apela al arte para diferenciar climas

Además de la llamativa escultura-puerta, Alfredo Segatori estuvo a cargo del arte y ambientación del local junto a la artista Paula Pons, quien diseñó un mobiliario que incluye mesas de madera altas y bajas que emulan el espíritu de las mesas de obra y banquetas y sillas tolix, además de una gran puerta ventana con vidrios repartidos en colores que brinda un juego de tonalidades. Los murales y dibujos de Segatori, como la cara del viejo, que se replica en el interior, acompañan el recorrido hasta la terraza, donde esperan un llamativo jardín vertical y una canchera Van Volkswagen antigua que hace las veces de beer truck.

Para Shanti Aboitiz, la tradición familiar y la historia de sus padres, abuelos y tatarabuelos se convirtió en inspiración ineludible a la hora de crear Lekeitio -nombrado así en honor al pueblo natal de su tatarabuelo-. Los sabores de los platos que se ofrecen en el local de Chacarita -en Santos Dumont al 4000- son una reversión de la cocina vasca con influencia filipina -que también forma parte de sus orígenes- adaptada a los productos locales con ingredientes principalmente de mar, pescados y mariscos, pero también carnes y opciones vegetarianas.

El marco para esas delicias fue cuidadosamente elaborado. La arquitecta Cynthia Ataefe trabajó junto a Aboitiz en un diseño que apuntó a tomar la funcionalidad de los tradicionales bodegones y bares de pinchos vascos, con una atractiva barra, y le aportó elementos modernos en madera, cemento y hierro forjado. Las fotos y recuerdos familiares colgados en las paredes aportaron calidez al espacio, y enseguida se sumaron cuadros y murales que hoy configuran un paisaje perfecto.

Shanti confiesa que desde la adolescencia, su hobby es pintar. A la hora de darle vida a Lekeitio, se preguntó si sus dos amores -la cocina y el arte- podían combinarse. Tímidamente comenzó colgando obras de su colección personal de artistas como Nicolás Guardiola y Alico Roviralta, regalos de amigos y artistas allegados que llegaban a sus manos, y poco a poco se fueron sumando cuadros pintados por él y otros miembros del equipo del local. “La presencia del arte se dio de manera orgánica. Tiene que ver con el amor y el compromiso que le ponemos al lugar y es algo que la gente disfruta, porque suma al recorrido y el entorno”, cuenta. De esa pasión nació también el mural que se animó a pintar junto con Mike Daly, camarero y artista plástico de Lekeitio, para llenar de color el patio, en el que se luce junto al verde de las plantas.

Otro modo de rendir homenaje a la tradición familiar es el que eligió Lucas Villalba, al frente de Moshu, el local recientemente inaugurado en el barrio de Saavedra, en Moldes y García del Río. Con una estética rústico-industrial, esta cafetería y pastelería conquista con delicias dulces y saladas. Los bohemios y amantes del arte disfrutan especialmente los detalles de la decoración: sillas Thonet original y antiguos mesones de pinotea se mezclan con muebles y objetos heredados de su padre, Santos Atilio Villalba, quien restauró muebles antiguos por más de 40 años, entre los que destacan, por ejemplo, una mesa carpintera de época. Detalles artie, para una propuesta única.

Por iniciativa de un cliente artista, conocido como Tekaz propuso expresarse en las paredes del local

El boom de las cervecerías

Cada vez más en boga, las cervecerías artesanales definen una identidad propia, y el arte urbano es parte fundamental. Martín Gianella, uno de los socios creadores de El Galpón de Tacuara, con locales en Palermo y San Fernando, y en pleno proceso de expansión, cuenta que el arte llegó de manera natural cuando uno de sus clientes habituales del local de San Fernando, el artista Gerónimo Gregorini -más conocido como Tekaz- les propuso expresarse en sus paredes.

La unión fue tan potente que luego se replicó en el local de Palermo, situado en Malabia 1574. “Para nosotros, la cerveza artesanal, a diferencia de la industrial, tiene algo creativo, original, que cuenta una historia a través de una fusión de sabores. Le dijimos a Tekaz que queríamos expresar ese proceso creativo de la cerveza, y surgieron murales muy interesantes”, cuenta Gianella y destaca la importancia de que el arte no quede solamente encerrado en los museos y salga a las calles. El nuevo boom de las cervecerías, afirma, puede ser una buena plataforma de fomento a los artistas locales. Desde El Galpón, también apostaron fuerte al arte en el diseño de sus latas de cerveza, en las que destacan los dibujos.

En la cervecería Growlers se toman muy en serio el maridaje entre cervezas y arte. Los socios de esta marca, que recientemente sumó a su local de Palermo uno nuevo en Caballito, son todos apasionados sommeliers cerveceros. Con la misma dedicación que seleccionan variedades de cerveza y maridajes en su menú, encontraron un estilo propio para cada local.

En Palermo, la esquina que se abre a la vereda como un enorme patio ya es un clásico del barrio. Su nuevo local en Caballito -sobre la calle Doblas al 857- es mucho más amplio que el primero. Suma variedades de cerveza y juega con diferentes ambientaciones en las que el arte es una constante. Desde la entrada, un alegre mural recibe a los visitantes. Abajo, el local cuenta con decks para sentarse en un plan callejero y distendido sin salir del local. En el primer piso, las mesas de madera de diferentes tamaños -para una cita de a dos, o comunitarias- generan un clima de relax.

La pizza inspira Hell´s, en Palermo, transporta a Nueva York

El patio trasero, la gran estrella del espacio, invita a disfrutar en medio de guirnaldas de luces, plantas frondosas y dibujos coloridos que parecen multiplicar la naturaleza y su vitalidad. “Nos parecía interesante que el arte se metiera en la propuesta porque genera un descanso y un placer visual. Está presente en la escalera, en el patio y en diferentes espacios, y cada expresión tiene su estilo propio. Nosotros no buscábamos que los dibujos hablaran de cerveza, sino que cada uno encontrara su propia identidad”, cuenta Diego Argañaraz, uno de los socios del emprendimiento.

El arte puede servir también para abrir el juego y generar climas diversos. Así lo entienden, por ejemplo, en la cervecería Buller -en Junín y Vicente López- parada casi obligada para los amantes de esta bebida en el horario after office del barrio de Recoleta. Con un local amplio, Adrián Merino, uno de los socios, señala que se crearon estilos ligeramente diferenciados: la planta baja cuenta con una ambientación clásica cervecera, mientras que el segundo piso y la terraza proponen un clima más descontracturado. El arte, afirma, aporta mucho a esa transición.

Los socios de Buller comenzaron por incluir graffitis en la escalera, y convocaron a diferentes artistas callejeros para que aporten sus colores y diseños. El proceso fue tan enriquecedor, que decidieron sumar más color y arte en otros espacios como el patio, en los que se puede ver el mural de Big Poppa del artista Gerdi Harapos, o los colores de Panco Sassano. “El arte urbano invita a compartir y multiplicar. Mucha gente que viene saca fotos y las comparte en redes, generando una apertura. Es algo que convoca mucho desde lo estético”, sostiene Merino, contento con la decisión.

Las hamburgueserías

La hamburguesería Deltoro -con tres locales en el centro- también apuesta al arte. Su tercer local, recientemente inaugurado en San Telmo, en el histórico Palacio Raggio, en Bolívar y Moreno, mantiene el característico estilo industrial de la marca que se evidencia en el predominio de ladrillos, cañerías y vigas expuestas, elementos en madera y colores gris, negro y rojo. El arte dice presente de la mano de coloridos graffitis a cargo de “Falopapas”, que se suman a un enorme mural del toro icónico de la marca.

Pedro Bello Arias, uno de los socios del proyecto, cuenta que para el diseño trabajaron, como en los locales anteriores, junto al estudio Bongo, y como en cada apertura, tuvieron en cuenta las tendencias de diseño a nivel mundial. “El arte urbano aportó mucho color y estilo, generando un contraste entre lo rústico del espacio, que pertenece al emblemático Palacio Raggio, con sus columnas imponentes y su techo de bovedilla, y las nuevas tendencias”, explica Bello Arias.

Por Gabriela Koolen, Lunes 2 de abril de 2018
Publicado en el suplemento Inmuebles comerciales e industriales del diario LA NACION

 

El partido de Vicente López concentra la oferta; la ubicación, los accesos, y el entorno verde impulsan la elección geográfica.

Da a poco, la zona Norte del Gran Buenos Aires se está transformando en un polo de espacios coworking.De hecho, los proyectos que ofrecen espacios de trabajo flexibles se multiplican. Buscan abastecer a una demanda que va desde profesionales independientes hasta Pymes y grandes compañías. Los emprendimientos de estas características tienen un denominador común: Lugares amplios, luminosos, confortables, y una ubicación que conjuga la cercanía al verde y el río y por supuesto bien lejos del bullicio del microcentro.

We Work es una de las firmas que más fuerte apostó a esta modalidad de trabajo o de estilo de vida en el país. A nivel internacional, la compañía tiene 200.000 miembros en 68 ciudades de 20 países del mundo. En el país cuenta con una sede en el microcentro porteño, más específicamente en la Torre Bellini que abrió sus puertas en mayo del año pasado. La empresa desembarcó en el verde de Vicente López en enero de este año con un emprendimiento ubicado en la avenida Libertador al 1000. El edificio tiene 14 pisos, 12.000 metros cuadrados y capacidad para 2300 personas, y se ubica a en las inmediaciones de la estación del Ferrocarril Mitre y a tres cuadras del paseo costero. “Elegimos Vicente López porque es una zona donde hay muchos profesionales, empresas con proyectos y mucho impulso para la cultura a emprendedora. Además, cuenta con excelentes accesos desde todos los puntos de Buenos Aires”, señala Patricio Fuks, CEO de We Work para Latinoamérica.

Para Martín Orlando, CEO & Co Founder de La Maquinita Co., otro de los coworking que llegó a la zona, la ubicación estratégica es su fuerte: “Vicente López es el primer partido que une la capital con el corredor Norte, y es ideal para todos aquellas empresas que quieren estar cerca de la Capital pero con espacios más amplios, menor contaminación y una infraestructura menos colapsada. Se puede decir que Vicente López reúne los beneficios de la Capital y la Provincia en un mismo partido”. La Maquinita Co. nació en 2014. Su primera sucursal se abrió en el barrio de Palermo, en marzo de 2015 desembarcaron, en Vicente López y en septiembre del año pasado abrieron otro espacio en La Lucila.

Despachos Vicente fue otra de las compañías que apostó por el modelo de coworking en el Norte. Se instaló en octubre de 2016, la obra duró dos meses y cuenta con un espacio de 380 metros cuadrados. “El corredor Norte, nos interesó especialmente por el auge de la construcción de edificios de oficina, a metros de Panamericana. Además es una zona que ofrece muy buenos accesos a la Capital y al conurbano y cuenta con todos los transportes públicos. Además, grandes empresas están mudando sus oficinas allí, convirtiéndolo en un importante polo corporativo.

El gran desarrollo de la zona genera la apertura de nuevos emprendimientos y servicios, cómo restaurantes, bares, comercios y bancos. Un gran beneficio es que estamos ubicados a metros del espacio verde más importante de zona Norte como lo es la costanera”, relata Irene Starosielski, socia de la firma.

“La masificación de estos espacios en la zona tiene que ver con que la propuesta es muy atractiva para emprendedores y pymes ya que les permite dar sus primeros pasos sin la necesidad de comprometerse con el pago de los gastos fijos tradicionalmente asociados a un alquiler como la comisión inmobiliaria, el depósito en garantía y la compra de mobiliario, etc. El disponer de un espacio fijo no solo mejora la imagen y productividad de estos negocios sino que también les permite variabilizar su estructura de costos. Por ejemplo, si el negocio acompaña y necesitan contratar una nueva persona pueden hacerlo sin dificultades, solo necesitan contratar un escritorio adicional en el momento que surja la necesidad”, explica Ignacio Crisafio, gerente de OfficeClub.

Espacios abiertos donde se comparten actividades y experiencias

El coworking impulsa una nueva forma de encarar las obligaciones conectando trabajo y ocio, con todo resuelto en un mismo lugar. Estos espacios incluyen desde seguridad y limpieza, recepción, impresión y papelería, refrigerios, lugares de meditación o juegos y en algunos casos terrazas con vista al río.

En el caso de Wework, su propuesta es también pet-friendly y la membresía permite acceso a cualquier sede de la compañía del mundo. Pero para Fuks, lo más importante que ofrece la empresa es su comunidad. “Tenemos un equipo 100% dedicado a conectar a nuestros miembros, y hacerles sentir como en casa. Se organizan eventos todas las semanas para fomentar el networking y el crecimiento personal y profesional. Es un equipo entrenado para ayudar a nuestros miembros a conectarse a nivel local y global con otras personas o empresas que los ayuden a crecer sus ideas. Contamos con una app global que permite interactuar con la comunidad mundial, por lo que 70 por ciento de los más de 200.000 miembros que tenemos hoy en la red, alguna vez generaron un negocio entre sí. Por ejemplo, si hace falta un diseñador web, un abogado o un asesor, impulsamos que lo busquen en esta plataforma”. La empresa tiene membresías mensuales que arrancan desde los $3750 más IVA.

Otro jugador del mercado es Office Club. La empresa realizó una inversión inicial de US$250.000 y hoy cuenta con un piso de 200 metros cuadrados de oficinas con un estilo muy corporativo. Los abonos arrancan en los $2390 mensuales para escritorios individuales, pero también tienen oficinas privadas para equipos de trabajo de 4 a 12 personas a partir de $12.000. Mientras que algunos clientes solo alquilan las salas de reuniones por hora con un costo de $350. La Maquinita Co. tiene un espacio de 1500 metros cuadrados y demandó una inversión de U$$600.000. “Para instalarnos buscamos espacios de entre 800 y 2500 m2 en plantas lo más amplías posibles, no necesariamente en una arteria principal pero si con cercanía a transporte público”, cuenta Orlando, quien ofrece oficinas privadas para equipos de 2 a 25 personas, puestos de trabajo fijos por persona y para equipos de hasta 8 personas y sala de reuniones. Los precios van desde $2800 más IVA por mes hasta $4500 más IVA. Fuks relata que en su caso, son muy selectivos en los edificios que se instalan. “Tenemos un equipo que se dedica exclusivamente a esto y estamos constantemente en la búsqueda de nuevos edificios para alcanzar nuestro agresivo plan de expansión. Es fundamental que tengan como mínimo 6000 m2 rentables, idealmente con plantas libres de más de 600 m2. La ubicación y facilidad de acceso a través de transporte público y las principales avenidas también es un factor clave”, aclara.

En el caso de Despachos Vicente López buscan propiedades amplias para generar distintos espacios de trabajo que incluyan áreas compartidas y espacios de distensión. “Es fundamental que tengan mucha luz y excelente vista”, señala Starosielski de la compañía que invirtió US$100.000 en Vicente López. En cuanto a los precios, los puestos de trabajo para una persona van desde los $3500, las oficinas privadas con capacidad para dos a cinco personas desde $10.500 y las salas de reunión $330 la hora.

Por Silvina Vitale, Lunes 12 de marzo de 2018
Publicado en el suplemento Inmuebles comerciales e industriales del diario LA NACION

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